Democratización de la cultura

Eduardo Zurita Gil

1. INTROUCCIÓN

El desafió de un gobierno de signo progresista implica la capacidad de utilizar todos los mecanismos y motivaciones para acrecer la conciencia crítica del pueblo.

Si existe comprensión clara por parte de los entes involucrados en el hacer de las políticas culturales, la cultura puede convertirse en la herramienta más idónea para elevar la conciencia de las masas y desarrollar la organización popular en pos de construir una sociedad libre y justa.

En la sociedad de clases, el ser humano individual y colectivo, en sus interrelaciones sociales y en su comportamiento general, reproduce la ideología de la clase dominante; sin embargo, esto no significa que no exista una ideología y en ella una cultura -sojuzgada y reprimida- la de las masas populares, la de las minorías étnicas, la de los trabajadores y campesinos; por tanto, “democratizar la cultura” -por encima de la cultura oficial- quiere decir devolver a las masas su calidad de artífice y establecer las condiciones que permitan liberar sus fuerzas y talentos creadores, que dejen aflorar sus valores culturales propios, portadores de sus propios intereses, ¿Y qué es lo propio? Su identidad, el conjunto de signos, códigos, circunstancias; lo que prueba que existe, lo que afirma y le diferencia De los demás. Si es la masa popular la gran hacedora, es la depositaria de su identidad.

Antagónicamente, la globalización procura despersonalizar, arrancar la identidad de los pueblos. Los criollos dominantes, sus principales socios, subestiman y reniegan sus orígenes y asumen, imitan e imprimen complacidos las formas culturales de la metrópoli.

Entonces, la “democratización de la cultura”, entendida en este discurso, tiene que redimir la fuerza vital del hombre corno principio actual y permanente de la cultura, como actor y testigo de un proceso liberador. Consiste en entregar al pueblo un instrumento y un arma; instrumento para afianzar con orgullo su identidad, y arma para luchar contra la globalización colonizadora; es decir, luchar por el derecho a ser un pueblo libre de escoger su propio destino: ecuatoriano, latinoamericano y universal. Parafraseando el pensamiento martiano: En este gran injerto de nuestra cultura con la cultura universal, la nuestra ha de ser el tronco.

Este epítome no es “cliché mecanicista”. El principal argumento que lo sustenta es ser producto de lo que Gramsci y Agosti llaman “la filosofía de la praxis”:

Reflexiones nacidas de la acción, del contacto con las masas, de conocer sus necesidades y descubrir sus sueños y esperanzas. Esta es la profunda diferencia con la lucubración libresca, puramente intelectualista, divorciada de la vida.

Solo la reflexión nacida de “la vida vivida que es la historia”, con el concurso de una formación intelectual sincera y comprometida, puede modificar el curso de los acontecimientos y acelerar la marcha de la historia del pueblo en términos de su gran anhelo: la libertad.

2. LA CULTURA COTIDIANA

En el sentido más lato, se podría afirmar que cultura, como expresión social, es todo, aun la incultura sería parte de la cultura. Sintetizando el concepto, cultura es el hecho cotidiano de convivencia, el comportamiento del individuo frente a su entorno. Para distanciar la noción entre cultura culta y cultura inculta, se requiere de información y formación -como sinónimo de educación- del ser y desarrollo de su conciencia, es decir, un pueblo efectivamente culto será aquel formado y consciente.

Construyamos algunas proposiciones. No hay derechos humanos -fundamentados en la libertad, igualdad y solidaridad- sin democracia, no existe democracia fecunda sin cultura y no puede haber cultura sin formación y conciencia.

Las secciones séptima y octava del Capítulo Cuarto, en el Título Tercero “de los derechos, garantías y deberes”, consagrados en la actual Carta Política, se refieren, ambiciosamente, a la cultura y a la educación. Se hace bien al anteponer la cultura a la educación, porque, a mi juicio, la cultura comprende a la educación. Lamentablemente la Constitución reduce el concepto de cultura a la creación, recreación e investigación científica, lo cual, en los hechos significaría que los sujetos y depositarios de la cultura serían únicamente los creadores, artistas y científicos, y los demás un residuo cultural- meros espectadores, cuando como hemos visto, la cultura de un pueblo es autoría del conjunto social.

El articulo 63 de la Carta Política , sintetiza la democratización de la cultura como garantía y derecho del pueblo: “El Estado garantizará el ejercicio y participación de las personas, en igualdad de condiciones y oportunidades, en los bienes, servicios y manifestaciones de la cultura, y adoptará las medidas para que la sociedad, el sistema educativo, la empresa privada y los medios de comunicación, contribuyan a incentivar la creatividad y las actividades culturales en sus diversas manifestaciones. Los intelectuales y artistas participarán, a través de sus organizaciones, en la elaboración de políticas culturales”.

La capacidad creativa, la iniciativa, desde luego, florecen en una masa culta -formada, informada y consciente -como cualidades naturales; pero tanto o más importante que propiciar esos talentos, la cultura tiene que producir individuos más libres y solidarios, dignos y respetuosos de los derechos humanos, y esos tienen que ser atributos de todos. En pensamiento de Platón “La virtud dimana del conocimiento; la maldad, de la ignorancia” y de Francisco Aguado cuando afirma: “el alma se labra con cultura".

¿Para qué abundar en disquisiciones redundantes sobre la significación de la cultura como patrimonio del pueblo? Más; sin embargo, los gobiernos no acaban de entender esa importancia. Consideran que educación y cultura son un gasto y no una inversión. Parecería que el temor de la democracia “del capital” presiente que, al ser la cultura la herramienta más idónea para elevar la conciencia de los pueblos, éstos, organizados, dejarán de ser fácil presa de su manipulación y codicia. La cultura es tan trascendental, que al reflexionar sobre que debe ser primero para el desarrollo, la salud o la cultura -bajo las premisas señaladas- podemos afirmar que ésta es requisito, inclusive, para potenciar el derecho a la salud.

2.1 El mejoramiento cultural del individuo y de la masa incide en el progreso o retroceso social.

El diario comportamiento del ser humano es el principal hecho cultural. Las políticas culturales, entonces, deben coadyuvar a mejorarlo, apuntando a gestar hombres y mujeres que al ser más conscientes, serán más seguros de sí mismos, más respetuosos del derecho ajeno, generosos, humanistas, críticos y consecuentemente más proclives a la justicia, progresistas y democráticas, creativos y cooperadores, conocerán, defenderán y ejercitarán mejor sus derechos. La cultura debe ser órgano moral de los pueblos. Frente a los problemas políticos o de corrupción, hay ciudades y naciones enteras que resienten la condición y actitud de su gente, en particular respecto de sus dirigentes -sobre todo cuando de elegirlos se trata. El progreso político y material estaría garantizado si hubiese un comportamiento digno, que se vuelva consustancial a la esencia del ser. Una cultura concreta que contribuya a resolver cuestiones concretas.

La cultura debe entenderse como factor vital y permanente del desarrollo integral de una sociedad. El progreso material es la base del desarrollo, (significa atender servicios de infraestructura: energía, comunicaciones, salubridad, servicios etc.; mas si el ciudadano no comporta una conducta adecuada -la cultura cotidiana- no se puede mantener y dar buen uso ni cuidado a esos servicios). No puede haber verdadero desarrollo social si no hay cultura.

2.2 Desde el punto de vista de la satisfacción de necesidades

La cultura debe cumplir roles importantes: La cultura en cuanto a recreación y esparcimiento debe ser considerada como factor que contribuya a la recuperación de la fuerza laboral (material e intelectual) de los trabajadores, que permita renovar su energía psíquica y emocional, abriendo espacios para aprovechar y producir bienes culturales.

3 ¿COMO EMPEZAR?

3.1 La educación en la cultura. Cambiar los contenidos

El sistema educativo formal, en nuestro país, es puramente informativo, memorista y repetitivo. Se informa al docente, mas no se lo forma bajo una visión práctica y necesaria para la vida. Esto hace que el grueso de la población no haya desarrollado una aptitud creativa y una capacidad de articular iniciativas, que consecuentemente ayuden a resolver problemas y superar conflictos.

Transformar la educación meramente informativa, en una educación para la vida, supone un proceso que comienza por crear y estimular una conciencia crítica, capaz de analizar, leer y descubrir críticamente en permanente aproximación a la verdad el significado de los acontecimientos. La inferencia de esa aproximación suscita una posición y compromiso dirigidos a organizarnos para luchar por la justicia y la libertad.

Así interpretamos la verdadera modernización del sistema educativo. La tan ponderada descentralización y desconcentración, son herramientas para lograr el objetivo cierto de crecimiento individual y social del ser humano. No se ha de confundir el fin con los medios. Los propios valores de justicia y libertad son instrumentos para garantizar la vida con dignidad, el más caro designio de la especie.

La educación es antídoto preventivo para producir hombres y mujeres moralmente sanos, y evitar en los electores necedad o ingenuidad política. Cuando se informa que en la ciudad de Quito hay más de un millar de centros educacionales y cerca de una veintena de universidades, da la impresión de que, si bien puede existir déficit, hay varias decenas de miles de estudiantes, y una visión retrospectiva vislumbra una condición semejante de las décadas recientes. Chesterton dice: “No hay gente ineducada; solo que mucha gente está mal educada”.

No solamente debe sustituirse la educación informativa y estéril por la enseñanza formativa e integral para la vida. El utilitarismo pragmático es pertinaz en repartir conocimiento tecnológico como fin primordial de la educación, prescindiendo de los valores permanentes del ser humano. Convenimos en la importancia de la tecnología para procurar el mejoramiento de la calidad de vida del conjunto social, siempre que se dé prioridad al cultivo humanista del ser.

Confucio, hace dos mil quinientos años, manifestaba:

“La educación comienza con la poesía, se afirma con la autodisciplina y se consuma por la música”; y Platón cien años más tarde, en La República , plantea que los “custodios perfectos se han de educar en la música, en la gimnasia”, y -entendida como el súmmum del conocimiento- añade, en la filosofía para los gobernantes “pues no existe verdadera sabiduría sino se educa el espíritu”. Acaso ¿estas propuestas no recuperan vigencia en la actualidad? Cuando la meta de la sociedad del capital persigue la avidez de poseer, ¿no es la mala educación que imparte y el mal aprendizaje que recibe el origen de la corrupción?

Buenas escuelas evitarían tantos jueces, más prófugos y cárceles.

La educación ha sido motivo de reflexión de muchos humanistas y filósofos. Kant señala: “Tan solo por la educación puede e1 hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él”. Mas ¿de qué hombre hablamos? del “hombre nuevo” al que se refiere el Che; del “hombre verdadero” que menciona Martí, aquel que es capaz de “sentir en su mejilla, el golpe dado a cualquier mejilla de hombre”.

He abundado en citas para mostrar que, a diferencia de los tiranos, los valores humanos de la educación son y han sido, para las conciencias amantes de la libertad y de la justicia, signos de la dignidad de la vida. No puedo concluir sin mencionar dos pensamientos que comprometen la vocación de la mujer y del maestro respecto de la educación de sus hijos y de sus discípulos: “La educación primera es la que más importa, y ésta sin disputa, compete a las mujeres; si el autor de la naturaleza hubiera querido fiársela a los hombres, les hubiera dado leche para criar a los niños... Dicen que las madres miman a sus hijos; en eso hacen mal; pero no tanto como vosotros, que los depraváis. Mil veces más perjudiciales son para los hijos la ambición, la avaricia, la tiranía y la falsa previsión de los padres, que el cariño ciego de las madres”. (Rousseau) Y, atención a todos los que crían, enseñan y dirigen:

“El principio de la educación es predicar con el ejemplo” (Turgot)

3.2. 1 .Los proyectos posibles

Los objetivos de la cultura no pueden ser eufemismo o abstracción y deben producir efectos reales; para ello, estos conceptos deben implementarse en posibilidades reales, por lo que, en apretada síntesis, planteamos tres provectos fundamentales:

3.2.1 Fortalecer la organización de los trabajadores de la cultura:

O solo permitiendo su efectiva participación en los organismos culturales de decisión, sino garantizando los espacios y escenarios para su realización profesional -sin que ello signifique hacer concesiones al mal gusto, cuidando que su presencia colectiva en el proceso cultural constituya elemento convocador y eje orientador.

3.2.2 Subproyecto de formación y capacitación de los artistas populares:

Tendente a elevar su nivel técnico y desarrollar sus valores humanos, a través de la realización de cursos permanentes (hasta crear un Instituto de Promoción y Capacitación) que no solo mejore sus condiciones y conocimientos técnicos, sino en particular su calidad humana.

3.2.3 Talleres de cultura popular:

El objeto, provocar un masivo movimiento cultural. Si en el país existen, aproximadamente, 1.500 parroquias, la meta debe ser organizar, al menos, un taller en cada parroquia bajo el siguiente mecanismo:

• Ubicar a los dirigentes de la comunidad y el centro de actividad principal del sector (colegio, fábrica, cuartel, iglesia, sindicato, cooperativa, etc.) integrándolos al proyecto y haciéndoles sentirse corresponsales de la gestión. Determinado el local, invitar en virtud de sus habilidades y talentos sobre todo a la gente joven, a participar del taller y determinar preferentemente, entre los mismos miembros de la comunidad, a los promotores e instructores.

b) En muchos sectores, en especial urbanos, existen artistas y artesanos del pueblo que, por ejemplo, tañen la guitarra y conocen coplas y canciones populares que se pierden en el tiempo. El Estado los estimulará con una bonificación para que se comprometan a enseñar lo que saben a los miembros de la comunidad. Así se produce un doble efecto: por una parte, se recuperan las tradiciones artístico-orales; y por otra, se propicia su permanencia en la memoria colectiva. Los entes culturales del Estado (Casa de la Cultura Ecuatoriana. Consejos Provinciales y Municipios. Departamentos de Cultura, etc.), deberán converger con este objetivo, contribuyendo con técnicos y promotores para mejorar la calidad técnica, en las diferentes manifestaciones artísticas (física. poesía, teatro, danza, plástica. títeres) y procurándoles los medios de producción artística.

c) A mas de promover un proceso dinámico nacido de la cultura, se levanta un detente a la penetración

Corno emulación para el desarrollo y reconocimiento de los artistas de estos talleres, se realizarán muestras, concursos y festivales periódicos, cantonales, pro provinciales y nacionales en forma piramidal, y así se irán decantando y difundiendo los nuevos valores.

3.3.4 Los museos vivos:

Sin que interese el ser humano como fuente de manifestaciones culturales, la ideología oficial, usualmente, ha planteado rescatar una cultura fosilizada, impulsar las muestras culturales museísticas y arqueológicas.

Las experiencias culturales anteriores son importantes en la medida que signifiquen herencia, antecedente raíz; pero son superadas por las manifestaciones vivas, presentes, dueñas de la dinámica de progreso de los pueblos. Este proyecto hace relación con los sectores étnicos y rurales se plantean organizar centros de acopio artesanal y artísticos, referidos a los grupos étnicos del país- en su primera etapa-, promoviendo un mercado de consumo de sus productos artesanales (en especial la artesanía utilitaria); y estableciendo, en los mismos centros, escenarios para que se exhiba su arte (música, danza, tradiciones orales, etc.), añadiendo, de este modo un atractivo, para el público consumidor, recuperado y perpetuando los valores culturales populares.

En estos proyectos deben comprometerse todos los sectores dinámicos de la sociedad.

Sin la frágil presunción de creernos dueños de la verdad, exponernos estos postulados y los sometemos a abierta y democrática discusión. EZG.

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